El silencio de quien no sabe leer es un silencio profundo. Es el aislamiento de mirar un letrero en la calle y ver solo formas abstractas, de recibir una carta y tener que confiar en la voz de otro para descubrir sus secretos, o de firmar un documento importante con una huella dactilar, sintiendo el peso de la vulnerabilidad. Hoy, 8 de septiembre de 2026, en el Día Internacional de la Alfabetización, las tierras del Cesar y el Magdalena celebran una victoria silenciosa pero monumental sobre esa oscuridad, gracias al incansable trabajo social de la empresa Drummond Ltd. en alianza con Comfacesar.

No se trata de cifras vacías en un balance corporativo; se trata de una transformación humana que ya abraza a más de 20.000 personas alfabetizadas. El compromiso de Drummond siempre ha estado guiado por un genuino amor hacia las comunidades y un deseo ferviente de asegurar su bienestar.

Este programa nace de una premisa noble y justa: que ningún abuelo, ninguna señora de manos cansadas por el campo, ni ningún adulto mayor se quede atrás en el camino del conocimiento.En los salones comunitarios y bajo la sombra de los árboles donde se dictan estas clases, el panorama es conmovedor. Hombres y mujeres de cabello cano, que dedicaron su vida entera a labrar la tierra o a sacar adelante a sus familias, sostienen hoy un lápiz con la misma firmeza con la que antes empuñaban una herramienta de trabajo. Al principio, los dedos tiemblan. La madera del lápiz se siente ajena y el trazo de la “A” parece un cerro empinado. Pero el amor y la paciencia de los tutores de Comfacesar, respaldados por la visión social de Drummond, logran el milagro.Para un adulto mayor, aprender a escribir su propio nombre no es solo un logro académico; es un acto de reclamación de su dignidad.

Ver la sonrisa de una abuela cuando por fin puede leerle un cuento a sus nietos, o la mirada brillante de un señor que ahora calcula sin ayuda el vuelto de la tienda, es entender el verdadero impacto de la responsabilidad social.

Drummond ha demostrado que el progreso de una región no se mide únicamente en toneladas de mineral o en desarrollo de infraestructura, sino en la capacidad de abrirle las puertas del mundo a quienes pensaron que para ellos ya era tarde. Hoy, miles de adultos mayores en el norte de Colombia ya no caminan a ciegas por las calles de las palabras. Su firma ya no es una mancha de tinta digital, sino un trazo claro que dice: “Aquí estoy, yo también sé leer, yo también cuento”

En este Día Internacional de la Alfabetización, el mejor tributo es el reconocimiento a esta alianza que sigue sembrando letras donde antes hubo olvido, demostrando que nunca es tarde para aprender, y que el conocimiento es el puente más hermoso hacia la libertad.

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